por José Salas | Ago 6, 2026 | Perspectivas y opinión
Por José Salas
Asesor en Talento Humano de la Cámara de Industrias de Costa Rica (CICR)
Cuando hablamos de talento humano solemos concentrarnos en los jóvenes que buscan su primer empleo o en la necesidad de formar nuevos perfiles para responder a los cambios tecnológicos. Sin embargo, existe otro grupo de personas que merece la misma atención: trabajadores con una amplia trayectoria laboral que, tras perder su empleo, encuentran cada vez más difícil reincorporarse al mercado de trabajo.
No se trata de personas sin experiencia o sin disposición para trabajar. Por el contrario, en muchos casos cuentan con años de conocimiento acumulado, habilidades técnicas consolidadas y una valiosa cultura de trabajo. El desafío hoy esx otro. El mercado laboral ha cambiado a una velocidad que muchos no tuvieron oportunidad de seguir.
La transformación digital, la automatización de procesos y la incorporación de nuevas herramientas tecnológicas han modificado los perfiles ocupacionales en prácticamente todos los sectores productivos. Hoy, incluso puestos que tradicionalmente requerían poca interacción con la tecnología demandan competencias digitales básicas, manejo de plataformas, análisis de información o nuevas formas de comunicación y trabajo colaborativo.
Como resultado, muchas personas quedan excluidas no por falta de capacidad, sino porque necesitan actualizar sus conocimientos. Esta situación representa un reto para ellas, pero también una pérdida para el país. Costa Rica no puede darse el lujo de desaprovechar el talento, la experiencia y el conocimiento de miles de trabajadores que todavía tienen mucho que aportar al desarrollo económico.
La respuesta tampoco pasa por comenzar de cero. Lo que muchas de estas personas requieren no es una nueva carrera, sino procesos ágiles de actualización que les permitan incorporar las competencias tecnológicas que hoy exige el mercado laboral. La experiencia ya la tienen; lo que necesitan es fortalecer las herramientas que les permitan volver a competir por un puesto de trabajo.
En este sentido, celebramos la iniciativa del Ministerio de Educación Pública de actualizar el papel del Departamento de Educación para Personas Jóvenes y Adultas (DEPJA), una instancia que dispone de una estructura ya establecida en todo el territorio nacional y de un mandato constitucional orientado precisamente a ofrecer oportunidades educativas que permitan mejorar la condición intelectual, social y económica de las personas. Esta renovación representa una valiosa oportunidad para fortalecer su contribución a los retos actuales del mercado laboral.
Esta infraestructura podría convertirse en un instrumento estratégico para desarrollar programas cortos, flexibles y pertinentes de actualización de competencias dirigidos a trabajadores desempleados que necesitan reforzar sus habilidades tecnológicas. Aprovechar esta capacidad instalada permitiría responder con mayor rapidez a las necesidades del mercado laboral, sin que el país deba crear nuevas instituciones o estructuras para atender este desafío.
Además, esta visión se alinea plenamente con el artículo 83 de la Constitución Política, que establece la responsabilidad del Estado de promover la educación de personas adultas como un mecanismo para mejorar sus oportunidades de desarrollo y participación económica.
En un contexto donde la tecnología evoluciona cada vez más rápido, la actualización de competencias ya no puede entenderse como un proceso excepcional, sino como una necesidad permanente. Las habilidades que hoy demanda el mercado laboral seguirán transformándose y el país debe estar preparado para ofrecer respuestas ágiles a quienes necesitan adaptarse.
Costa Rica enfrenta el reto de formar el talento del futuro, pero también el de reincorporar al talento que ya posee. Lograrlo requiere una visión más amplia de las políticas de empleo y formación, donde la experiencia sea reconocida como un activo y no como una desventaja.
Aprovechar la infraestructura existente para fortalecer las competencias digitales y tecnológicas de las personas desempleadas con trayectoria laboral representa una oportunidad para el país. No solo contribuiría a reducir el desempleo y responder a las necesidades de las empresas, sino que también permitiría aprovechar uno de los recursos más valiosos que tiene Costa Rica, que es el conocimiento y la experiencia de su gente.
Porque, al final, el reto no es elegir entre experiencia o tecnología. El verdadero desafío consiste en lograr que ambas trabajen juntas para construir un mercado laboral más inclusivo, más productivo y mejor preparado para el futuro.
por José Salas | Jul 17, 2026 | Perspectivas y opinión
Por José Salas
Asesor en Talento Humano de la Cámara de Industrias de Costa Rica (CICR)
Durante muchos años hablamos del talento humano como uno de los principales desafíos para las empresas. Hoy debemos reconocer que se ha convertido en un desafío país.
Costa Rica enfrenta una paradoja que merece toda nuestra atención. Mientras miles de personas buscan una oportunidad laboral, numerosas empresas tienen dificultades para encontrar el talento que necesitan para crecer, innovar y competir. Esa brecha no responde únicamente a la cantidad de personas disponibles, sino a una creciente desconexión entre las competencias que demanda el mercado laboral y las que ofrece nuestro sistema de formación.
A ello se suma otro fenómeno que preocupa cada vez más a las organizaciones: la alta rotación del personal. Las empresas invierten tiempo y recursos en desarrollar a sus colaboradores, pero retener ese talento se ha convertido en un reto permanente. En este contexto, la formación y la capacitación ya no son únicamente herramientas para mejorar la productividad; son también un factor decisivo para fortalecer el compromiso de las personas y favorecer su permanencia en las organizaciones.
Pero quizá el cambio más importante que estamos viviendo es que las competencias técnicas, por sí solas, ya no son suficientes. Hoy las empresas buscan personas capaces de comunicarse, trabajar en equipo, resolver problemas, ejercer liderazgo, adaptarse al cambio, asumir responsabilidades y aprender de forma continua. Estas habilidades, tradicionalmente conocidas como habilidades blandas, se han convertido en competencias estratégicas para la productividad y la innovación. Sin embargo, aún no forman parte de manera transversal de buena parte de la oferta formativa del país.
Por ello, desde la Cámara de Industrias de Costa Rica hemos insistido en la necesidad de evolucionar hacia una oferta formativa más integral, que combine conocimientos técnicos con el desarrollo de estas competencias esenciales para el trabajo. El reto ya no consiste únicamente en formar personas para desempeñar un oficio, sino en preparar profesionales capaces de desenvolverse en entornos productivos cada vez más dinámicos, colaborativos y tecnológicos.
En ese esfuerzo, el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) tiene un papel estratégico. El país necesita un INA cada vez más ágil, flexible y conectado con la realidad productiva; una institución capaz de responder oportunamente a las necesidades de las empresas y de cumplir plenamente su mandato de formar el talento que Costa Rica requiere para crecer y generar más oportunidades.
La Formación Dual representa uno de los mejores ejemplos de esa transformación. Desde hace varios años, la Cámara de Industrias ha sido uno de sus principales impulsores, convencida de que constituye una de las herramientas más efectivas para cerrar la brecha entre la educación y el empleo. Esta modalidad permite que los estudiantes desarrollen experiencia en entornos reales de trabajo, facilita su inserción laboral y brinda a las empresas la posibilidad de formar talento acorde con sus necesidades. Por ello, resulta indispensable continuar fortaleciendo este modelo, dotarlo de mayor flexibilidad e impulsar iniciativas como Conexión Dual, que acercan a las empresas y a los futuros trabajadores.
Igualmente importante es ampliar el acceso de las empresas a servicios como la capacitación, la certificación por competencias y las asistencias técnicas. Muchas organizaciones, especialmente pequeñas y medianas empresas, aún desconocen estas herramientas que pueden convertirse en un importante apoyo para desarrollar a sus colaboradores y aumentar su productividad.
Otro reto ineludible es reducir las brechas regionales. Las necesidades de talento no son las mismas en todo el país y la infraestructura de formación debe responder a esa realidad. Existen regiones donde la demanda empresarial en especialidades como mantenimiento industrial, electromecánica, metalmecánica o aire acondicionado supera ampliamente la capacidad instalada para formar ese talento. Cerrar estas brechas permitirá generar más oportunidades de empleo fuera de la Gran Área Metropolitana y fortalecer el desarrollo económico de todas las regiones del país.
El talento humano no puede seguir viéndose como un tema exclusivo de recursos humanos o de educación. Es, probablemente, la principal condición para que Costa Rica aumente su productividad, atraiga inversión, genere empleo de calidad y fortalezca su competitividad en un entorno cada vez más exigente. También es importante decir, que las empresas deben cumplir con el ordenamiento jurídico vigente, para lo cual es necesario contar con un Ministerio de Trabajo y Seguridad Social que brinde orientación, estímulos y dirección en los asuntos jurídico laborales.
Fortalecer el talento humano significa construir un país con más oportunidades, mayor movilidad social y mejores condiciones para el desarrollo de las personas y de las empresas. Pero ese objetivo requiere decisiones concretas. Por eso resulta fundamental avanzar en la aprobación de iniciativas como el Proyecto de Ley de Educación y Formación Dual (Expediente 24.283), que permitirá fortalecer este modelo, agilizar la capacidad de respuesta del INA y acercar la formación a las necesidades reales del sector productivo. Preparar a Costa Rica para el futuro exige modernizar la forma en que desarrollamos el talento. Ese es un desafío que no admite más espera.