Por Federico Varela Urbizo, Gerente General HiPower Costa Rica
Mucho hemos hablado de la necesidad que tiene Costa Rica de incrementar su generación eléctrica, al mismo tiempo que diversificamos nuestra matriz. El crecimiento sostenido de la demanda, la electrificación del transporte, la expansión del sector productivo impulsada, entre otros factores, por el régimen de zonas francas y la mayor variabilidad climática nos obligan a seguir incorporando nueva capacidad de generación.
Sin embargo, hoy nos enfrentamos a un reto del que todavía se habla poco.
No basta con producir más energía. También es importante que aprendamos a gestionarla mejor, que incorporemos guardarraíles, inercia y embalses virtuales. Y que este sea un esfuerzo conjunto entre todos los actores del mercado energético, incluidos los generadores distribuidos.
Durante mi trabajo con empresas, industrias y cooperativas eléctricas he notado un cambio interesante. Parece una buena señal para lo que viene. Sin embargo, los esfuerzos todavía son muy aislados y deberíamos empezar desde ya a coordinarlos mejor.
El foco durante los últimos años ha estado en instalar plantas solares, mejorar el LCOE, incrementar la capacidad de generación y diversificar nuestra matriz. Y todavía nos queda mucho camino ahí.
Pero hoy las preguntas también deben ir más orientadas a: ¿cómo reduzco mis picos de potencia?, ¿cómo mantengo mi operación durante una interrupción?, ¿cómo aprovecho mejor la energía que ya genero?, ¿cómo hago mi operación más resiliente?, ¿cómo puedo aliviarle al Sistema Eléctrico Nacional parte del estrés en los horarios de mayor demanda?
A fin de cuentas, en energía, el beneficio mío también puede convertirse en un beneficio para los demás. Siempre y cuando tengamos la tecnología correcta, los incentivos adecuados y las políticas correctas.
¿Los tenemos?
En fin, ese cambio refleja una evolución natural del mercado. A nivel global, la gestión energética está creciendo vertiginosamente, pero a nivel local todavía nos falta.
La energía ya no debe ser vista únicamente como un costo operativo. Está comenzando a convertirse en un activo estratégico. Administrarla correctamente puede marcar diferencias importantes en competitividad, continuidad operativa y eficiencia.
La siguiente etapa de la transición energética deberá combinar más generación renovable con herramientas que aporten flexibilidad al sistema: almacenamiento de energía, gestión inteligente, digitalización y redes cada vez más modernas.
Se trata de complementar la generación con la gestión. Ambas son necesarias.
El almacenamiento energético, por ejemplo, no solo permite respaldar operaciones críticas.
También ayuda a desplazar consumos, gestionar picos de demanda, apoyar el control de frecuencia, integrar una mayor cantidad de generación renovable y brindar mayor flexibilidad al sistema eléctrico.
Conforme aumenta la participación de fuentes variables, este tipo de soluciones tendrá un papel cada vez más relevante. La pregunta está en qué tan bien podamos definir y regular ese papel.
Porque el desafío tampoco es únicamente tecnológico. Requiere planificación de largo plazo, señales regulatorias claras e incentivos que permitan acelerar la incorporación de nuevas soluciones sin comprometer la confiabilidad del Sistema Eléctrico Nacional.
Costa Rica ha construido una reputación internacional por su liderazgo en energías renovables. El siguiente paso es consolidar un sistema eléctrico que, además de limpio, sea flexible, resiliente e inteligente. Esa evolución será clave para mantener la competitividad del país y responder a las nuevas necesidades de consumidores, empresas e industrias.
La próxima etapa de nuestra transición energética no consiste solamente en instalar más megavatios. Consiste en generar más valor con cada megavatio que incorporemos al sistema.
¿Estamos listos?

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