La sostenibilidad futura en la industria de productos de limpieza no depende únicamente de las intenciones ambientales de una marca hoy, sino de los estándares con los que el país valida y verifica sus verdaderos impactos ecológicos.
Costa Rica compite todos los días por posicionarse como un referente mundial en desarrollo sostenible y producción responsable. En esa conversación solemos hablar de matriz energética, biodiversidad o conservación. Sin embargo, existe un factor que cada vez pesa más en las decisiones de consumo de las personas, empresas e instituciones, y que debe abordarse desde una perspectiva técnica y rigurosa: la verificación ambiental independiente.
Acá es donde entra una pregunta clave: ¿cómo aseguramos que el consumidor pueda disponer de productos de limpieza verdaderamente amigables con el entorno y seguros para la salud? La respuesta comienza mucho antes de que el producto llegue al anaquel.
Cuando una persona o empresa elige un insumo de limpieza amigable al ambiente, confía en que su impacto en el ambiente sea sensiblemente menor. Sin embargo, en el mercado conviven múltiples autodeclaraciones ambientales sin respaldo externo ni científico, lo que puede generar desconfianza o diluir el verdadero compromiso industrial.
Este escenario tiene una implicación evidente: si queremos construir un mercado transparente y competitivo, debemos prestar especial atención a la etapa de evaluación y certificación técnica de lo que producimos.
Ese estándar no se define cuando el producto sale a la venta; se define tiempo antes, mediante procesos de investigación, desarrollo y alineación con normas exigentes.
El reto actual ya no se trata solo de elaborar productos eficientes o de sumar iniciativas aisladas. Costa Rica ha dado pasos significativos en la concientización ambiental, un logro que merece reconocimiento. El desafío de los próximos años consiste en garantizar que los bienes disponibles en el mercado cuenten con el respaldo de esquemas oficiales de certificación ambiental que distingan a la oferta con un desempeño superior.
En ese contexto, la implementación del Programa Nacional de Etiquetado Ambiental (PNEA), liderado por la Dirección de Gestión de Calidad Ambiental (DIGECA) del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) y alineado con las recomendaciones de la OCDE, marca un hito fundamental para el sector productivo.
El PNEA no es una etiqueta comercial; es un mecanismo basado en evaluaciones externas independientes. En la categoría de limpiadores de superficies, por ejemplo, Costa Rica adoptó la norma europea Ecolabel, la cual evalúa rigurosamente aspectos clave: desde la toxicidad en estado diluido y la exclusión de ingredientes nocivos para la salud humana y el entorno, hasta la reducción del plástico en empaques y la eficacia técnica del producto para cumplir su función.
Es precisamente bajo este riguroso estándar que en Florex nos convertimos en una de las primeras empresas de nuestro sector en certificar varios de nuestros productos: Shinny Glass, Eco Power y Ultra Clean.
“Contar con la certificación de ecoetiquetado en nuestros productos nos llena de una profunda satisfacción. Ha sido un camino largo y riguroso que representa el mayor logro de todos estos años de investigación e innovación en Florex, reafirmando nuestro compromiso de crear soluciones amigables con el medio ambiente y la salud de las personas”, explica Silvia Chaves, presidenta de Grupo Florex.
“Este sello va más allá de un compromiso de la marca; implica someter el producto y su envase al control de terceros independientes que demuestran científicamente que cumple con los más altos estándares y respalda con transparencia lo que promete”, agregó Chaves.
Este tipo de certificaciones no reemplaza el compromiso de la industria; lo fortalece. Permite a las empresas demostrar con absoluta transparencia que sus compromisos ambientales son verídicos, verificables y alineados con las mejores prácticas globales, al tiempo que brinda a los consumidores la seguridad de estar adquiriendo productos seguros y de menor impacto ambiental real.
Si bien el posicionamiento sostenible de un país depende de la articulación de muchos actores, inyectar rigor técnico y verificación independiente en la oferta de consumo masivo e institucional es indispensable para impulsar una economía baja en emisiones, responsable y verdaderamente sostenible. Este proceso contó con el respaldo de la Cooperación Alemana (GIZ) y proyecta continuar expandiéndose conforme se desarrollen nuevas normas técnicas en el país.
Avanzar hacia la certificación ambiental de la producción nacional no es un lujo ni una tendencia pasajera; es la vía para consolidar un modelo de desarrollo donde la calidad, la salud humana y la protección de nuestros ecosistemas caminen de la mano. Ese es el compromiso que asumimos en Florex para seguir transformando el mercado costarricense.

0 Comentarios