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Intentos sobre el uso de las ciencias de datos y del comportamiento por parte del Estado costarricense

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Tanto el Big Data como la ciencia del comportamiento son herramientas que pueden usarse de manera socialmente útil o inútil.
Costa Rica, en su afán por promover un gobierno digitalmente inteligente para hacer uso de datos para la toma de decisiones y la definición de políticas públicas, ha realizado esfuerzos recientes de implementación de Economía Conductual y Big Data a nivel del Estado. Veamos algunos ejemplos
La controversial creación de la Unidad Presidencial de Análisis de Datos (UPAD), fue derogada el 21 de febrero de 2020, debido al secretismo de su funcionamiento y la consecuente falta de articulación con otras instituciones relevantes como lo es la Agencia de Protección de Datos de los Habitantes (Prodhab).

El intento fallido de la implementación de una aplicación digital que permitiera prevenir el contagio de COVID-19 de manera anónima y segura, la cual fue utilizada en otros países exitosamente.
Autoridades de la Dirección de Gobierno Digital y del Ministerio de Hacienda, han señalado que para Hacienda Digital se pretende hacer uso del Big Data. Esto con el fin de conectar bases de datos, que permitan mapear y detectar desde su función las evasiones fiscales.
A nivel de políticas públicas y su mercadeo se impulsa la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2030 de la ONU, en las municipalidades con el fin de involucrar a la población en estos esfuerzos.

Si bien es cierto, que Costa Rica ha realizado ciertos intentos sobre el uso de las ciencias de datos y del comportamiento, hay una serie de países que llevan la delantera como: Australia, Canadá, Dinamarca, Países Bajos, Perú, Singapur, Estados Unidos, entre otros. Donde incluso existen laboratorios de políticas que se han convertido en centros de información del comportamiento, aprovechado junto con otras tecnologías de la cuarta revolución industrial, como el Big Data y la inteligencia artificial; el aprendizaje automático y la realidad virtual para realizar predicciones más precisas del comportamiento de los ciudadanos.
Algunos resultados de estas prácticas que se pueden mencionar son: el del Ministerio de Impuestos de Dinamarca que logró incrementar en un 10 % su recaudación al enviar recordatorios centrados en la aversión a la pérdida; y en un 7 % la adherencia de los contribuyentes más jóvenes por medio de una plataforma de pago de impuestos. Por su parte, Canadá logró incrementar el registro de donantes de órganos y tejidos en 143 % al simplificar el registro.

El gran reto se presenta dada la oposición y también difamación a la idea de utilizar los datos y la psicología para estimular el comportamiento de las personas, con el argumento de que se trata de manipulación o una forma de ingeniería social.
Aunque estas preocupaciones son cruciales, válidas y no deben pasar desapercibidas, ya que tanto el Big Data, como la ciencia del comportamiento, son herramientas que pueden usarse de manera socialmente útil o socialmente inútil (Guszcza, 2015), es importante considerar el beneficio potencial de la aplicación de conocimientos de la economía conductual y de la ciencia del comportamiento, en general, en el diseño de políticas públicas.

Los esfuerzos del país en esta línea ponen sobre la mesa retos y oportunidades para una adecuada modernización del Estado. Alcanzar la optimización y agilidad de su gestión por medio de la transformación digital, pero sobre todo, un mayor impacto de las políticas públicas cuyo fin último es proporcionar bienestar a la sociedad.
En este sentido, dado el caso de la UPAD, uno de los retos principales es la recuperación de la confianza sobre el uso de datos por parte del Gobierno y la gestión de la confianza pública para la aceptación del uso de dichos datos, para la definición de políticas públicas.
Para ello, es clave el fomento de una cultura de innovación promotora de la comprensión y la confianza de la adopción de tecnologías y el uso de los datos en su dimensión positiva. La incorporación de Costa Rica a la OCDE (por su experiencia en la implementación de ciencias conductuales y ciencias de datos de algunos de los países miembros) es una oportunidad que se puede aprovechar, no solo para lograr un aprendizaje al respecto, sino también para lograr, a partir de sus buenas prácticas, la articulación entre sus políticas sobre ciencia, tecnología e innovación, sobre economía y desarrollo del país.

Esto podría contribuir con la sana implementación de una oficina de estadística oficial basada en los principios de responsabilidad social, ética y transparencia no solo como temas de debate público y/o regulatorio, sino como aspectos inherentes al proceso de planificación y realización tanto de ciencia de datos como del comportamiento.

Ing. Roseling Farías Rodríguez, Gestora de Innovación.

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